Un viejo pastorcillo inmigrante de sueños y miedos
llegó a mi puerta un día de otoño,
tocó presuroso el primer latido del día
me enseñó sus dedos sumergidos en tinta,
salieron de sus tristes manos
hermosas líneas : Tú, mi escritura
y con un beso selló la tarde gris de otoño.
Aquella tarde fue la última vez
que embriagó el eco de mis noches,
mis pupilas aún buscan sus dedos tibios
y cuando siento perderlo
vuelvo a recorrer aquel cuerpo intacto
de finos versos y tiernos colores
nacen vientos suaves trayendo hacia mi barca
a Ti, mi escritura



